viernes, 1 de marzo de 2013

Eufemismos en su salsa







Es el eufemismo el capote dialéctico con el que toreamos las palabras y descabellamos los conceptos que ellas albergan. Los capotes, como los eufemismos, tienen mucho de mentira disimulada, porque con los primeros ponemos la bravura del toro al alcance de la puya del picador para desgastarle su fiereza, y con los segundos le arrebatamos a las palabras lo que de fieras y puyazo tienen. Los eufemismos tratan, últimamente con mayor frecuencia, de ponerle el disfraz de “políticamente correcto” a las actuaciones incorrectas de los políticos.

Llamarle a la suegra madre política es un ejemplo de lo que suele hacer un eufemismo sin piedad alguna. No es la palabra suegra la que se  percibe como deterioro del  sagrado concepto de madre, sino es el de política quien parece envilecerla. Llamarle daños colaterales a las víctimas civiles de una guerra,  o regulación de empleo a un despido masivo, tienen los mismos fundamentos y amparan los mismos argumentos que llamarles suavemente “hijos de mala madre”  a los “hijos de puta” que han dado lugar a ello.

La gastronomía es fuente de  “sabrosos” eufemismos, regalándonos algunos muy  curiosos y de plena actualidad. Así, quien nos aburre con su discurso es un “pestiño”; quien se traga sin rechistar los argumentos de un discurso político es un “come talegas”; quien pese a todo sigue apoyando reiteradamente  a quien lo engaña, es un “papa frita”; quien  justifica como bueno y necesario lo que hace quien lo está engañando es un “mendrugo”; el ladrón que se lleva lo que no es un suyo es un “chorizo”; quien se va dejándonos su deuda, lo ha hecho endiñándonos una “cebolla”, y más que privarlo de libertad hay que “meterlo en el talego” para que no siga ”aliñándonos las cuentas” con las que nos da “gato por liebre”.  
   
Dame pan y dime tonto, parecen decir algunos pese a que “ser más bueno que el pan” sea el eufemismo más castizo de tonto.  Muchos ya no se pueden ni ganarse el pan porque otros  no paran de untarse con la manteca. ¡Hay que darle la vuelta a la tortilla!


Publicado en Diario JAEN el domingo 3 de marzo de 2013


(@suarezgallego)

jueves, 28 de febrero de 2013

Matasellos del Campeonato Nacional de Cross por Equipos de Guarromán de 1988.




Matasellos conmemorativo de edición numerada, que promovió el Seminario de Estudios Guarromanenses, futuro Seminario de Historia y Cultura Tradicional "Margarita Folmerin", del Campeonato de España de Cross por Clubs, celebrado hace 25 años en Guarromán, suponiendo un gran evento en el pueblo. 

La 2 de TVE dedicó 50 minutos de retransmisión deportiva en directo. Recibimos la visita de cerca de 12.000 visitantes y 1.200 atletas, y se puso a Guarromán en el mapa nacional deportivo. 

Se ha perdido una buena oportunidad de conmemorar este 25 aniversario, que se cumple hoy, hecho del que no pueden presumir otros pueblos de Jaén ni de España. ¡En fin...!


jueves, 14 de febrero de 2013

Fin del pontificado de la Gloria del Olivo




Mira, paisano, la apabullante ferocidad con la que la realidad irrumpe en nuestro vivir de cada día a través de los medios audiovisuales, hace que, a modo de autodefensa, acabemos exiliándonos en las ínsulas de la irrealidad lúdica. Es como si nuestra conciencia –“conocimiento exacto y reflexivo de las cosas”— se saturara de la cruda existencia, sobre todo de la que viven otros, y lejos de asustarnos o conmovernos, simplemente nos resultara indiferente. La consecuencia, paisano, es que todo lo que no nos atañe muy directamente acaba resbalándonos. Nos resulta más cómodo, divertido y atrayente perdernos en la verdad posible que esconde toda ficción y todo misterio, antes que enfrentarnos a la realidad ajena.
 Recibo a través de la web municipal de Guarromán un correo electrónico dirigido al cronista oficial, en el que alguien que merece todos mis respetos me comunica que está investigando la posible relación del nuevo papa Benedicto XVI con las profecías de San Malaquías, en las cuales se designa este pontificado como el de la “gloria del olivo”. Mi desconocido comunicante trata de establecer una posible relación partiendo del hecho de que Joseph Ratzinger es de origen bávaro, como lo fue Juan Gaspar de Thürriegel, el asentista y aventurero que en el siglo XVIII trajo a más de seis mil colonos alemanes –algunos procedentes de Bavaria— a las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, en la comarca norte de Jaén, tierra de olivos por excelencia. Para ello me solicita que le comunique si hubo algún colono Ratzinger que pudiera estar emparentando con el nuevo Papa, y por ese hilo llegar a desliar el rocambolesco ovillo del misterioso significado vaticinado por San Malaquías en su “Gloria Olivae”.
 Le contesto a mi desconocido internauta que repasaré mis fichas de colonos, prometiéndole contestarle pronto, si bien le sugiero mientras tanto una nueva línea de investigación elucubrativa: El cardenal Joseph Ratzinger, hasta su elección como Papa, ha sido el presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es lo que hasta el año 1965, fecha cuando la rebautizó el papa Pablo VI, fue la Congregación del Santo Oficio. Es decir, paisano, la Inquisición pura y dura, que llevaba en su escudo un ramo de olivo representando la misericordia hacia los arrepentidos, junto a una espada levantada símbolo del castigo a los herejes convictos. Ambas imágenes flanquean una robusta cruz de enebro cuyos brazos tanto nos recuerdan los contundentes bastos de la baraja. En el óvalo que los rodea puede leerse el salmo 73: Eurge domine et judica causam tuam (“Levántate, Señor, y juzga tu causa”).
 No sé qué decirte, paisano, pero el olivo en el escudo de la Inquisición y la pretendida gloría que le augura San Malaquías para el pontificado de Benedicto XVI acaban inquietándome sobremanera.
No desfallezco y ante esta ínsula de irrealidad lúdica me afano denodadamente deseando encontrar cuanto antes al colono Ratzinger entre los que poblaron Sierra Morena en el siglo XVIII. Sería todo un alivio.
Publicado en Diario JAEN el 10 de mayo de 2005

Vuelvo a reproducirlo cuando el pontificado de Benedicto XVI llega a su fin. Al menos bendijo a alguien que vive entre olivos, y eso ya es una "gloria del olivo" personal.

(@suarezgallego)

lunes, 4 de febrero de 2013

Entrañable Manolo "El Sereno"




Michael Jacobs, Manolo “El Sereno” y José María Suárez Gallego en la primavera de 2002 en la Aldea de Los Rios, Guarromán.


Dicen las estadísticas que somos en la provincia de Jaén los andaluces que más nos resistimos a abandonar el terruño, siendo al mismo tiempo los que menos nos va eso de irnos a las grandes metrópolis. Por el contrario, es Jaén la provincia que en cifras relativas recibe a más extranjeros decididos a establecerse entre nosotros.

Atrás quedaron los años de aquella década que llamaron prodigiosa --la de los sesenta del pasado siglo XX-- cuando los planes desarrollistas de entonces tuvieron  como “efectos colaterales no deseados” el desprestigio del mono de trabajo; toda  madre quería entonces para su hijo, evidentemente, una bata blanca de médico antes que un mono de peón, ocurriendo que terminaron los médicos vistiendo unos monos color  verde quirúrgico,  y los currantes de los talleres mecánicos la bata blanca que los ilustres doctores en medicina abandonaron con la llegada de los nuevos tiempos. Se desacreditó también entonces la bicicleta de ruedas grandes y barra en medio como saludable vehículo  sostenible por el sólo hecho de haber  sido el símbolo de una posguerra de hambrunas llena de estraperlos y cartillas de racionamiento; pero, sobre todo, y  esto es lo más grave, por aquellos entonces surgió un sentimiento de vergüenza para todos los que eran de pueblo, encargándose algún cine ramplón de ridiculizar a cuantos paletos, catetos, cazurros, garulos, castrojos, maquetos y  charnegos no habían emigrado aún desde la desesperación y el abandono de sus pueblos hacia los cinturones industriales de Madrid, Barcelona  y Bilbao. Nadie quería entonces parecer de pueblo, y en las escuelas  se enseñaba a los niños y a las niñas a hablar “finolis” y a tener ademanes de ciudad, que por lo visto era lo mejor que se podía ser entonces.

Nos ha dejado el entrañable “hombre de pueblo” Manolo “El Sereno”, protagonista de La fábrica de la Luz (Ediciones B, 2010) del escritor británico-frailero, Michael Jacobs, paradigma del “espíritu de pueblo” que tristemente va diluyendo la paradoja del “progreso globalizado” como un espejismo del desierto.


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Publicado Diario JAEN el domingo 3 febrero de 2013.

lunes, 7 de enero de 2013

La vigencia de Herodes






 El infanticida Herodes ha pasado a la historia de las puñeterías por ser el paradigma de todos aquellos que han pretendido degollar la esperanza desde su raíz más tierna. Intentó aniquilar conceptualmente la única virtud que nos queda después de habernos vapuleado la fe con el falso misticismo de los oropeles y las parafernalias barrocas. ¿Qué hubiera sido de los que todas las primaveras andan buscando escaleras para subir al madero, si el prefecto de Judea, Poncio Pilatos, en un arrebato de insensatez política en vez de lavarse las manos como un cobarde, hubiera liberado a Cristo?

La esperanza, que intentara erradicar Herodes a machetazos sobre cuerpos indefensos, es lo único que nos queda también cuando la fe se nos diluye ante situaciones susceptibles de ser resueltas con la caridad,  esa otra virtud que bastantes veces nos sonroja cuando se la utiliza para tapar injusticias que claman al cielo. La caridad, se mire por donde se mire, es la virtud que nos mantiene en pie cuando hemos perdido todas las demás, incluida la esperanza de no perder la esperanza, de ahí que Herodes, y todos los reyezuelos que regentan el desaliento, siempre hayan puesto especial  interés en cercenar manu militari a todos los profetas que prometen la llegada de un salvador de causas perdidas, o de un libertador de sempiternas cadenas.

Frente a la crónica de lo cotidiano, cada día, se me clavan como escarpias los ojos de los niños desvalidos y maltratados. Y experimento cómo mi silencio cómplice me hace sentirme un Herodes. El mundo subdesarrollado cada vez más nos exige la oportunidad de participar en el progreso –a pesar de la crisis-- que les hemos ido hurtando durante siglos en los que a cambio de la fe sumisa en el gran  “bwana” blanco le hemos esquilmado sus recursos y les hemos provocado circunstancias sociales fundamentadas en la injusticia y la avaricia.

Me moriré  sin llegar a entender por qué algunos se empeñan en hacer pobres durante todo el año para luego poder hacer caridad con ellos en Navidad, culpando de todo ello a Herodes.


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Publicado en Diario JAEN el domingo 6 de enero de 2013

jueves, 3 de enero de 2013

Cucharas sin fronteras, esta de Kovalam, Kerala (La India)







Una vez mi cuñada Carmen, preparando un viaje me preguntó: ¿Qué quieres que te traiga de la India? 

Siendo tantas las cosas que conforman las entretelas de ese país de milenarias culturas sólo se me ocurrió decirle: ¡Tráeme una cuchara de palo de allí!

Los hindúes suelen comer utilizando la propia mano como cuchara, no usando tradicionalmente este utensilio occidental. Esta en concreto la encontró en un anticuario de Kovalám, en Kerala, y posiblemente perteneció a alguna familia británica de la época colonial antes de la independencia de la India en 1947.

Sea como fuere es la primera cuchara de mi colección. Después, sin proponermelo, han ido llegado otras gracias a la gentileza de quienes en sus viajes se acuerdan de mí a través de este sencillo utensilio culinario. 

Tras estas cucharas sin fronteras no hay más que la reivindicación latente del derecho a comer dignamente que tenemos todos los seres humanos.

¡Y en ello estamos!

Gracias a cuántos me habéis distinguido con vuestra amistad a través de vuestras cucharas: ¡Aquí están!

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martes, 1 de enero de 2013

Vientos propicios para 2013





Uno es de los que hizo la "mili" con lanza en los Tercios de Flandes.

Desde el humo de las cien mil batallas vividas, todas ellas perdidas, por cierto, os deseo lo mejor para 2013.

¡Que los vientos nos sean propicios para llevarlo a buen puerto!


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lunes, 24 de diciembre de 2012

Feliz y solidaria Navidad 2012




Cuchara de palo con cazoleta en forma de estrella que aportó a mi colección mi amigo, compañero y paisano Carlos Parra Ródenas, traída de Chefchaouen (Marruecos), y que tanto me recuerda una pretendida Estrella de Oriente de un belén tradicional, con la que quiero desearos lo mejor junto a los vuestros en una noche como la de hoy.

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domingo, 9 de diciembre de 2012

Paisajes, paisanajes y "saborajes"




A la cocina desde sus raíces populares, y a la gastronomía desde sus aspiraciones intelectuales, se les ha  tenido siempre como las cenicientas del acervo cultural, tal vez por la resistencia que ha mostrado siempre lo que podríamos denominar la “oficialidad culta” a reconocerle una mínima brizna de Cultura (con mayúscula) a todo lo que huela a lúdico y popular. Los motivos habría que buscarlos en la herencia judeocristiana que nos presenta la vida como el “valle de lágrimas al que hemos venido a sufrir”, en el que todo lo susceptible de producir placer, como dice la conocida canción, o es pecado, o está prohibido, o engorda. Es la sempiterna confrontación dialéctica del hedonismo “pecaminoso” versus la penitencia “jorobante”, que sirvió de coartada durante tanto tiempo a quienes en aquella época que éramos aguerridos reclutas de la “reserva espiritual de Europa” se nos justificaba la falta de agua caliente en los cuarteles y en los internados diciéndonos que ducharse con agua fría era cosa de hombres, y no de pobres.
           
Hoy en el que la oferta turística se ha ampliado y diversificado, y la motivación de los viajeros para elegir un determinado destino reside en gran medida en los atractivos peculiares y propios de la cultura de cada territorio, la gastronomía tradicional reclama su papel como patrimonio cultural en el que los sabores, los olores y las texturas, aglutinadas en el concepto del “saboraje” –palabra que brota al hilo de lo que escribo-- se integren en el acervo del paisanaje y en el entorno del paisaje.

Se trata de hacer un planteamiento desde la “gastrosofía” que nuestros antepasados han llamado del terruño íntimo, del que surja un compromiso de velar y practicar una alimentación saludable ligada a los productos, las costumbres y las estaciones del territorio que habitamos, como autodefensa frente a una forma de alimentarse globalizada y especulativa que ignora, cuando no desprecia, el paisaje, el paisanaje y el “saboraje”  como referentes de una identidad irrenunciable para no diluirnos en un mero mercadeo de las emociones.



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Publicado en Diario JAEN el domingo 9 de diciembre de 2012.

jueves, 22 de noviembre de 2012

El instinto de felicidad





     Para el biólogo teórico Faustino Cordón Bonet (Madrid 1909-1999) la alimentación es un pilar fundamental de la biología evolucionista; hasta tal punto que, en su opinión, el hecho de preparar los alimentos para ser ingeridos es lo que determinó la línea de partida para que el hombre comenzara a distanciarse de los escalones inferiores que le preceden en el proceso evolutivo. En su ensayo Cocinar hizo al hombre (Ed. Tusquets. 1979), Cordón Bonet afirma: "Tengo la convicción de que la primera y más trascendental consecuencia de la actividad culinaria hubo de ser la palabra, esto es, nada menos que el cambio cualitativo del homínido en el hombre".

     El ser humano ha sublimado la necesitad vital de alimentarse en dos consecuencias que, aún aparentando antagonismo, se complementan íntimamente: De un lado la Dietética y la Nutrición, en las que prevalecen los aspectos médicos y el concepto de ciencia al uso; de otro, la noción de Gastronomía, tradicionalmente relacionada con aspectos más lúdicos, artísticos y hedonistas, desde que el jurista y diputado francés Jean Anthelme Brillat-Savarin (Belley 1775- Saint Denis 1826) la definiera como tal en su libro La fisiología del gusto (1825), en el que llegó a afirmar que “El descubrimiento de un nuevo plato hace más por la felicidad de la Humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella.” Savarín elevó la gastronomía a la consideración de un arte al asignarle la décima musa: Gasterea.

     Bien es cierto que mientras los aspectos médicos de la alimentación enraizaron en el mundo académico a través de la metodología científica, los aspectos gastronómicos no corrieron igual suerte, quedando relegados al ámbito cotidiano -y menos pomposo- de los fogones. En la actualidad hablar de dieta sugiere, indefectiblemente, la necesidad de un acto médico; hacerlo de menú gastronómico nos aproxima al mundo de los sentidos, a la esfera del placer, a través del arte de comer bien, que no siempre transita paralelo a la ciencia del bien alimentarse. Siendo la acción culinaria el origen de ambos efectos, la percepción que del mismo obtenemos no es otra que una bifurcación entre la necesidad que el ser humano tiene de nutrirse para vivir, y la misma necesidad de alimentarse procurándose placer con ello. Es el llamado instinto de felicidad, al que hacía referencia André Maurois (Paris 1885- Normandía 1965), que sublima las aspiraciones del ser humano, siempre en pugna con el instinto de supervivencia que lo mantiene vinculado a su irrenunciable cualidad de animal.

En una palabra: Gastrosofía en estado puro.

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domingo, 11 de noviembre de 2012

Romper fronteras o tender puentes





Fotografía de Richard Pullar


Comer es, ante todo, un derecho que se ejerce de forma desigual en este mundo cruel que soportamos, en el que la mitad de los humanos se muere de hambre vergonzante, y la otra mitad se come su vergüenza buscando en los contenedores algo que llevarse a la boca, o ahoga el colesterol de su opulencia deshojando la margarita para decidir qué dieta adelgazante ha de comenzar el próximo lunes, como otros tantos lunes del año.

Comer mal es una soberana temeridad. Injusta para aquellos a los que les falta el condumio; revestida de estupidez para aquellos otros a los que les sobra la diaria pitanza. En definitiva: Comer bien es, sobre todo, una obligación apoyada en la justicia y la sensatez.

El gran Antonio María Carême (1784-1833), el francés que es tenido en la Historia como "el cocinero de los reyes y el rey de los cocineros", inventor en su juventud del merengue y los crocantis, escribía a propósito del desplome del Imperio Romano, y de cómo se apagó allá en el siglo V ante las venerables barbas de San Crisóstomo, toda una civilización que había dominado el orbe conocido: "Cuando ya no hubo cocina en el mundo, tampoco hubo literatura, inteligencia elevada y rápida, ni inspiración, ni idea social". Fue el momento en el que Atila entró a saco con los "hunos", y los “otros” también, en la vieja Europa, y el buen comer, con sus entresijos culturales, hubo de refugiarse en las cocinas de los conventos y pasar la noche  del Medievo.

Hoy por hoy, a las puertas de un nuevo Medievo, tenemos poetas que canten nuestra cultura; músicos que le pongan ritmo y compás; artesanos de primera; aceituneros altivos que trabajen el tajo olivarero; empresarios avispados; políticos toreros que dan capotazos a diestro y siniestro; filósofos de taberna que siguen buscando el sur;  guisanderos afamados;  gourmets empedernidos...

Afortunadamente también contamos con una  nueva generación de emprendedores que tiene muy claro que más que romper fronteras hay que tender puentes. No se trata de irse, sino de asegurarse el retorno con el pan debajo del brazo.


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Publicado en Diario JAEN, el domingo11 de noviembre de 2012







martes, 30 de octubre de 2012

...Y el vivo a la hogaza: A propósito del día de Todos los Santos, y sus gachas dulces.







Hay quien ha dicho, con cierto sentido burlón, que "la vida es una aventura de la que nadie sale vivo", asociando el hecho de irse al "otro barrio" con la única circunstancia vital que no tiene remedio, morirse. Tal vez sea por ello por lo que, sabiendo de antemano el desdichado final de tal aventura, tratemos de dilatarla en el tiempo todo lo que sea menester y hacerla lo más llevadera posible, pues por mucho valle de lágrimas que aquí tengamos son muy pocos los que quieren irse, que de todos es sabido que "como la casa de uno no hay ná".

            Decía Paco "el roso", así apodado por llamarse Rosa su madre, viejo filósofo del terruño, de esos que saben echar las cabañuelas y cubicar desde lejos la cosecha de aceitunas por el color del olivar, decía, repito, de forma tajante y definitiva, que de esta vida sacarás panza llena y nada más, y había veces que el adagio lo picardeaba aseverando que de esta vida sacarás lo que metas y nada más. Y debe llevar razón cuando, curiosamente, el primer refrán que sentencia Sancho Panza en El Quijote (capítulo XIX), en una aventura que recuerda el traslado de los restos de San Juan de la Cruz desde Úbeda a Segovia, es aquel que en boca del buen escudero suena así:"...y, como dicen, váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza".
  
            Llegando el primer día del mes de noviembre, es tradicional que nos acordemos de todos los que se nos fueron para siempre, pero... sin perder de ojo la hogaza. En prácticamente todas las villas y ciudades del Reino de Jaén han existido las antiguas Hermandades de las Animas, cuyo cometido no era otro que recaudar fondos para sufragar las misas y los rezos que hicieran posible que las almas en pena encontraran la paz eterna. La noche de tránsito desde el día de Todos los Santos (1 de noviembre) hasta el día de Todos los Difuntos (2 de noviembre) es el tiempo propicio para que los vivos se enteren del descontento de sus muertos, pues no es menos cierto que muchas de las hogazas que se comen algunos vivos, se han amasado con los sudores de algunos de sus muertos, y a veces contra su voluntad. Plantearse eso de noche, mediado el otoño, cuando las mariposas de luz, ancestrales luminarias, nadan en el tazón sobre el aceite dibujando tenebrosas sombras, siempre suscita algún que otro remordimiento, cuando no mucho canguelo, pues si bien es cierto que nadie ha vuelto del otro sitio, cualquier día puede ser el primero, como bien decía la tía Jesusona como purga de su alma y general susto de los niños que la oíamos.

            En Baños de la Encina es tradicional que para esas fechas los hombres abandonen el pueblo pasando la Noche de los Santos en el campo, junto a un fuego, en un chozo de la sierra, o en alguna pequeña cortijada. Según me contaron, durante una noche que también "fui de Santos", tal circunstancia es debida al hecho de que desde siempre y durante esos días las campanas de la iglesia no paraban de tocar a muerto, lo que creaba el normal desasosiego y la consabida congoja de ánimo. El mejor remedio, empinarse un medio (medida tabernaria para el medio litro de vino que se expendía en las clásicas botellas labradas de anís), lejos de tan lúgubre sonido, con alguna que otra engañifa de cerdo. Mientras tantos las mujeres acudían a las misas pertinentes, preparaban gachas dulces de harina con tostones de pan, y miel o leche caliente según el gusto del lugar. Los niños, como broma, les echaban trozos de corcho que los más viejos confundían con el pan frito, y con la masa sobrante tapaban los ojos de las cerraduras de todas las puertas y candados de la casa, para que ninguna alma en pena, errabunda en la eternidad, pudiera entrar en ella.


RECETA DE LA GACHAS DULCES

Ingredientes: Medio kilo de harina de trigo, medio litro de aceite de oliva picual virgen, una cucharadita de granos de matalahúva, un cuarto de kilo de azúcar, 2 litros de agua templada aproximadamente, y miel o leche caliente para acompañarlas.

Preparación: Desahumamos el medio litro de aceite en una sartén honda,  friendo luego en él unos cuarenta trocitos de pan duro para hacer los tostones. Cuando estén dorados se sacan y se dejan escurrir sobre un papel absorbente. Este aceite lo colamos y limpiamos la sartén para que no queden migas de pan frito. Vertemos en ella siete cucharadas soperas del aceite que hemos colado junto a una cucharadita de granos de matalahúva y el medio kilo de harina, la cual freímos, sin que llegue a tostarse, para que pierda el sabor a cruda. A continuación echamos un litro de agua caliente poco a poco para que la vaya absorbiendo la masa de harina mientras la vamos moviendo con la rasera, procurando que no se hagan grumos. Sabremos que ya están listas cuando forman un cuerpo pastoso y uniforme. Entonces agregamos los tostones, la  miel o la leche caliente azucarada.


(@suarezgallego)

viernes, 26 de octubre de 2012

Homo homini lupus





Recurro al latín para ponerle título a este artículo por la concreción semántica que permite esta lengua clásica. No hay en ello el más mínimo “animus eruditandi”, pues bien advertido que me lo tiene, desde su gramática parda, mi buen amigo el Caliche: “Citas latinas, corral de pamplinas”. Digamos, yendo al grano, que con “homo homini lupus” no pretendemos otra cosa que incidir en el consabido aforismo el hombre es un lobo para el hombre.
Ya Juan Ramón Jiménez ironizaba al respecto en “Platero y yo”: ¡Si al hombre que es bueno debieran decirle asno! ¡Si al asno que es malo debieran decirle hombre! Yo mismo me negué hace años a tener un perro al comprobar que todo chucho acaba pareciéndose, tarde o temprano, a su amo. Mi respeto hacia ellos me ha llevado a evitarle a alguno el castigo inmisericorde de servirle de inexcusable espejo donde mirarse, amparándome, también, en que la sabiduría popular esto lo ha tenido siempre claro: Viendo al perro del cortijo, se sabe como es el cortijero.
De la misma forma que el pobre de Gregorio Samsa –el protagonista de “La metamorfosis”, de Kafka-- una mañana, tras una noche de un sueño intranquilo, se despertó en su cama convertido en un monstruoso insecto, viviendo a partir de ahí en sus propias carnes el abandono paulatino de su familia hasta morir por inanición, algunos animales acaban transformándose en réplicas de sus amos, y pagando por ello las consecuencias de los desmanes y tropelías de aquellos. ¿Quién no ha sentido alguna vez la malvada tentación de darle una patada clandestina al perro de quien nos cae mal, ante la imposibilidad, o cobardía, de dársela a él mismo?
Hace tiempo tuve un vecino que todos los días, al cruzarnos, emitía un gruñido a modo de saludo matutino. Nunca abandoné la esperanza de que su perro, que invariablemente lo acompañaba, acabaría, con el tiempo, respondiendo a mis “buenos días” como un ser humano educado, por una mera cuestión de afinidad entre especies. No fue así. Con los años, aquel pequinés mal encarado, gruñía exactamente igual que lo hacía el desagradable de su amo.
Desde entonces espero que el lobo que todos llevamos dentro devore sin piedad a quienes abandonan en el abismo de la soledad completa a los que por ser viejos, pobres o marginados nos estorban en la conciencia imposible de nuestros intereses más egoístas.
¡Perro hombre! ¡Hermano lobo!

@suarezgallego

miércoles, 17 de octubre de 2012

La revolución de la fregona





He oído decir a muchas venerables abuelas, sobre todo de pueblo, que la liberación femenina comenzó   el mismo día que se inventó la fregona, a finales de la década de los años cincuenta del pasado siglo.

Fue entonces cuando “la mujer de su casa” –de profesión sus labores, como se hacía  constar en el carnet de  identidad-- dejó de fregar el suelo hincando las rodillas, para hacerlo de pie;  manteniendo erguido no sólo el cuerpo, sino el talle de su dignidad, porque desde siempre eso de arrodillarse ha tenido connotaciones, más o menos piadosas, de humillación, vasallaje y sumisión.

La fregona, con su palo a modo de vara de mando,  su mocho y su cubo con su cestillo escurridor --invento de un español, por cierto--, vino en aquellos años a poner en marcha una revolución doméstica en el mundo femenino, a la que la tradición y las “buenas costumbres” la habían tenido tirada por los suelos, trapo en mano y cubo en ristre, para tener la casa como los “chorros del oro”, y no ser objeto de críticas maliciosas por parte de sus propias vecindonas, mujeres también que tampoco se libraban de andar tiradas por los suelos, ni de ser reprendidas por  maridos malcriados en el más denigrante machismo de  la época. La mujer, tirada en el suelo, rodillas en tierra, en un principio, y agarrada al palo del mocho de la fregona después, no sólo le sacó brillo al suelo de su casa, sino que acabó viendo como se reflejaba en él la geometría irrenunciable de su dignidad.

Ciertamente hay inventos, como éste, que no han servido para que el hombre llegue a la Luna, pero sí para poner en órbita el respeto incuestionable hacia la condición de mujer, sea cual fuere la época. Aunque  la fregona, como todos los acontecimientos históricos, sigue teniendo sus revoluciones pendientes. En este caso, la mujer, pese a fregar erguida, lo sigue haciendo con  agua sucia.

             La realidad es que, paradójicamente, muchas mujeres, durante el medio siglo de existencia de la fregona, han sido agredidas con el mismo palo que sustenta el paradigma de su dignificación. Evidentemente, sólo con tecnología no se hacen las revoluciones.

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lunes, 15 de octubre de 2012

Utopías de cartón piedra y atrezo




Al final nos vamos enterando de qué estaba pasando cuando los políticos de turno nos estaban vendiendo utopías de cartón piedra, mientras los financieros nos iban ajustando las cuentas del Gran Capitán: Estaban haciendo de la democracia un objeto de atrezo teatral.

 "Nosotros el pueblo" –que así, precisamente, da comienzo el preámbulo de la constitución del país de Obama-- pasamos sólo cada cuatro años por los colegios electorales, mientras que "ellos los financieros" nos “han pasado por la piedra” cada instante de nuestras vidas. Nos venden y nos administran desde lo más real de ella, hasta la vida virtual que nos montamos para huir de la puta realidad. Nos venden y nos cobran desde la vivienda que nos cobija, hasta la pasión por el  futbol, o el morbo del “chinchorreo rosa vómito” de la telebasura.  Los financieros  afianzan  su poder económico con el pan y circo de una sociedad esquilmada esperando obtener así el beneplácito popular en las urnas, mientras que los políticos consienten y defienden la democracia virtual para obtener los favores  de los financieros y de este modo no perder –o volver a ganar-- las elecciones, y la poltrona.
          
            ¡Es una vergüenza que los contables dirijan el mundo! Pero aún así habrá que seguir mimando la Democracia. Su alternativa autocrática, amén de impresentable, es execrable y harto peligrosa.

Winston Churchil, quien en tiempos muy difíciles le dijo a los británicos: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», lo dejó bien claro: «Cuando llamen a la puerta a las seis de la mañana, hemos de seguir teniendo el pleno convencimiento de que sólo puede tratarse del lechero». 

Harina de otro costal será el que la central lechera sea de una multinacional, y el que la ubre de la vaca que tal leche dio se encuentre hipotecada  hasta los cuernos. Siempre consuela pensar que la Utopía no ha muerto y que la leche agria, pese a todo, puede comercializarse como yogurt e idealizarse en el tradicional y exquisito requesón que genera la mala leche. 

(Publicado en Diario JAÉN, el domingo 14 de octubre de 2012)

@suarezgallego